domingo, 19 de enero de 2020
Las personas
Si me preguntan quién soy, soy nadie.
Quiero lo que se supone que tengo que querer, visto lo que se supone que debería de vestir y trabajo en lo que se supone que debería trabajar. No defiendo nada, nunca he peleado en una guerra y probablemente nunca pase porque muy probablemente la próxima guerra nos matara a todos.
Compro cosas que no puedo pagar, lo que significa que nunca son realmente mías.
Soy una marca que nadie nunca debería pagar.
Alternando la realidad, la veracidad de lo que te define está en la mente, pero antes en la boca de las personas que te hacen pensar, te hacen creer, que te hacen querer. Es el mismo impulso que te intriga la mente y nace algo, que no esperabas, algo diferente que te hace abrir los ojos y comenzar a soñar, terminando por imaginar todas las cosas que podrían pasar si comenzaras a actuar en algo que probablemente nunca lograras.
Las personas siempre te juzgarán.
Pero motivaran ese deseo que dormidos soñamos, dormidos, hasta que nos damos cuenta que todos estamos inmerso en un profundo sueño del que todos quieren despertar, pero después de tanto divagar te comienzas a acostumbrar, de ver los mismos rostros; las mismas calles; los mismos días; las mismas noches que solo te ven pasar de manera y que de forma natural se convierte en esa rutina que te roba los sueños, esa rutina que mientras exista te hace creer que en esta vida no hay más. Pero hay más.
Opiniones. Sobran.
Dan vueltas en tu mente hasta que las logras reemplazar con alguna más agradable o demasiado desagradable. A mi que tanto me valen verga todas las opiniones. Que te valga verga. Me decía, mientras me convencía que me vale verga las opiniones, mientras una lagrima rozaba mi mejilla, casi rogándome que no mienta. Me vale verga. Me mentía, porque en mis adentros, sé perfectamente que me afectan las opiniones de las personas porque a pesar que las opiniones no te definan por un momento te preguntas ¿Soy lo que este vergo de hijos de puta dicen que soy? Y eso a veces te puede llegar a hacer sentir una mierda.
Ya no creo.
Simplemente deje de creer en mi mismo, cuando comencé a mentirme a mi mismo y desde entonces ya no le puedo mentir a nadie, ya no miento porque ya no me creo. No me creo las mentiras que me creía cuando me levantaba y me decía: voy a convertirme en algo bueno. Bueno, la persona que me estoy convirtiendo definitivamente es una mierda. Pero no se vayan, que no escribo este texto para definirme como una mierda por mi vaga opinión sobre mi persona.
Mierda.
Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda. Pensaba al darme cuenta lo mierda en que me convirtió, el destino, la vida, la realidad. Pero que se vaya a la mierda mi opinión como la de los demás, ya mucha mierda. Mucha mierda en esta vida como para que decida tirarme más. Que se vaya a la muy mierda mi opinión, si lo que piensan las personas no me definen, menos lo que yo pienso de mi mismo. Porque al final de cuentas soy un ser humano, una persona más de tantas.
Las personas.
Son ese motor que te hacen seguir porque hasta en nuestros propios pensamientos no somos lo suficientemente buenos de lo que quisiéramos ser, pero es eso lo que te motiva a ser mejor cada vez que te dicen que eres un pendejo. Porque después de tantos errores, uno ya no se puede castigar por tanto. Después de todo, las personas son las que nos hacen seguir luchando a cada momento por cambiar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario