viernes, 26 de diciembre de 2014

Piratas de la luna



Dónde esta la noche, dónde que no nos alcanzo.
Somos las horas que se perdieron navegando por la oscuridad que nos mantiene ocupados resolviendo problemas que nos obsequia.
Somos la lagrima melancólica que se desliza por un adormitado rostro gracias al torbellino de alcohol, recuerdos y fracasos en su interior.
La esperanza perdida de algún alma perdida sentada en una gasolinera en la madrugada que se desborda en una lata de cerveza barata.
Somos el amor remendado de dos jóvenes derrochándose en una cama hecha por mentiras.
Los besos prohibidos de una pareja homosexual que están ocultos bajo un manto de estrellas protectoras de identidad.
Somos inocencia coqueteando por primera vez con la perversión, en una fiesta que creyó que solo iría a bailar.
La garganta virgen de un joven promesa que juro nunca haría estupideces quemándose mientras un trago de vodka baja por su esófago.
Somos la caja de cigarros vacía en una noche desperdiciada por un grupo de conocidos que se hacen llamar amigos solo los viernes por la noche.
El tabaco que se consume entre los dedos de una mano que cumple 30 años rodeado de jóvenes liberales.
Somos el miedo de los veinteañeros que poco a poco se convierte en drogas, alcohol y sexo frustrado.
La cena combinada con demasiadas cervezas siendo expulsado de la boca de alguien que nunca aprendio a parar la fiesta, sobre el suelo de la casa del que organizo la fiesta.
Somos los ojos llenos de venas de un color rojo entre cerrándose a las 12 de la noche en un cuarto lleno de humo que toma forma de todo lo que te hace reír.
La tos seca de una garganta que acaba de trasladar a unos pulmones podridos de vicios juveniles humo de la mejor marihuana traída de Colombia.
Somos el condón roto que fue tirado en la calle entre risas y besos de una pareja con un amor fugaz que están a punto de unirse por siempre por 45 centavos que no se pagaron por un condón de buena calidad.
Los gemidos de una dama que prometió comportarse en la cama del mejor postor o mejor dicho engañador que en los night clubs tienen el titulo de hijos de puta profesionales.
Somos la pedera alucinógena de las 6 de la noche hasta la 1 de la mañana por un par de jóvenes que son agentes de la pendejada, que en su maletín siempre cargan más pendejada para compartirle a todos.
La nariz adolorida de recibir la visita frecuente de su amiga la cocaína que en un día de pago se consume en esa misma noche 200 dolares de blanca nieves.
Somos las manos levantadas que reflejan libertad mientras son iluminadas por un juego de luces de todos los colores que se encienden al compás del beat de la música electrónica.
El cuerpo adolorido golpeado por puños y patadas que gritan anarquía en una rueda donde todos se mueven y bailan al ritmo del ska.
Somos piratas de la luna que salimos solo cuando nuestro lucero más grande ilumina las calles en las que ya no transita gente aburrida. Piratas que venimos a disfrutar y a amar lo que pocos se atreven a amar, venimos con la espada llena de esperanza en busca de sueños perdidos.
Hay que poner a los cobardes en la plancha y tirarlos por la borda porque la tripulacion cada día es mayor y en este barco sólo puede haber un capitán.