viernes, 13 de enero de 2017

Amantes de la mierda



images via: https://es.pinterest.com/source/onrepeattttt.tumblr.com/

Abella tiene un tatuaje en la parte baja de su espalda. No le importa su cabello. No le importan muchas cosas. Usa un par de tenis de su hermano. Su piel blanca como la cocaína que le gusta consumir en las madrugadas. Con su novio. Cuando se escapa.  Sale a caminar cuando la cuidad respira, en silencio, dormida.
Abella no estudia, piensa que las matemáticas no le va servir un carajo en su vida. Es una mujer independiente que depende de sus padres, de las drogas que consume y de la oscuridad. 
Le encanta la oscuridad que no ve, noche, sin ojos, que no juzga. 
Le encanta el sexo, pero odia su novio y lo único que le gusta es que sea dealer y lo mantiene esclavo. Esclavo a su vagina y de sus pequeñas chiches adornados con dos pistolas apuntando hacia sus pezones, uno en cada lado. Dice que representan a sus padres que solo le han dado odio y poco dinero, pero solo es una excusa. Solo le gusta tatuarse pendejadas. Como a todos.
Sus ojos verdes claros como un mozote de marihuana y sus shorts salen a pasear por las calles, sin miedo, ni complejos. Conquistan a cualquier idiota con la mente en ecuaciones, que mira películas de comedia amorosas y creen que las mujeres son seres que en su tiempo libre pasan llorando.
Christian está en la barra esperando a su amigo que siempre se tarda un chingo en llegar para ir a embriagarse hasta la mierda como todos los sábados después del trabajo. 
Abella reposa con sus codos puestos en la barra donde Christian se consumía en la espera con un Malboro rojo.
Abella pide una corona y pareciera que todo se vuelve lento y mientras el humo de un pobre cigarro agonizando flota, lo voltea ver después de explorar su alrededor con su mirada. 
Christian se quita el cigarrillo de su boca y exhala todo el humo que a diario le destruye. 
Abella lentamente, sin quitarle la mirada, como pidiendo algo, saca un cigarrillo de la bolsa de su blusa y se lo muestra. Por la música, se ve obligada a acercarse a su odio para pedirle su encendedor.
"¿Tienes fuego?", le dice Abella a Christian con esa voz maquiavélica como pidiéndolo todo en dos palabras.
"Sí", responde Christian, toma su encendedor y jala la piedra como si disparará el gatillo de un arma. 
Abella enciende su cigarro con tanto placer que excita, se pone cómoda e inhala y exhala del tabaco que se prometió dejar cuando tenía 19 años. Ahora tiene 22 y es la mujer más libre del mundo, su cabello suelto vuela por el bar siendo varios, las victimas del sexo más casual que puedas llegar a tener que hasta te podrías llegar a enamorar. 
Christian está ahí porque sus padres no están, pensando que cada vez que sale a tomar, siempre elige con quién puede acompañar la noche, cuando la noche es quien elige a Christian, la compañía elige a Christian. Ésta noche Abella, eligió a Christian, su decisión no fue muy difícil, verlo le causo mucha gracias, después de que con anterioridad de findes pasados lo había visto embriagarse hasta la mierda con sus amigos.
Chris, como todo un caballero invito a beber a Bella, su amigo no llego mientras bebían en la barra y el novio de Bella se estaba poniendo muy borracho con sus amigos en algún lugar de la cuidad donde sea permitido beber e inhalar hasta quedar inconsciente. Nada era casualidad, ni las ganas de beber, de fumar y sentir que se vive, por una noche, se vive.
Chris ya comienza a sentir la cara pesada y comienza a verle de reojo el escote a Bella porque cuando ella se rie con ganas, entrecierra los ojos y no puede ver por lo pequeño que son sus ojos. 
Después de unos talegazos de tequila patrocinados por Chris y sus malas y buenas intenciones de poner ebria a Bella se da cuenta que ya no puede seguir más sin perder algunos sentidos que le pueden hacer perder la oportunidad de ver a Bella desnuda. 
Bella siempre se desnuda sola, nadie la desnuda, tampoco lo hace para mostrar sus tatuajes. Su alma, cuando esta desnuda, es más libre, libre como siempre Bella siempre busco en los estimulantes de la vida que te hacen sentir el éxtasis cada que respiras los placeres fugaces como la atracción sexual de Chris y Bella un sábado por la noche.
Al final, el labial seductor de Bella tuvo sentido, que Chris allá llevado feria tuvo sentido, que ambos estuvieran en el mismo lugar a la misma hora tuvo sentido, para que nada fuera casualidad. Todo fue fluyendo al compás de lo achinado y rojos que se le iban poniendo a Bella. Ya para las 1:00am a ella no le importaba que había sido de la noche que tan rápido se fue, ya los chistes sarcásticos de Chris no le parecieron tan malos y tenía un chingo de frió.
Justo cuando Chris pensaba que el escogía su destino, el destino lo escogió a él, lo beso tanto que olvido sus metas, sus sueños de niño y todo lo que sus papás le habían dicho. La piel de Bella era como una adicción mental, nada más ideal, en una mente idealista de alguien que ahora no la puede dejar de chupar, succionar, sentir y absorber.
Físicamente existe un estado de relajación progresiva que gradualmente la tensión muscular desaparece, llevándote a una excitación mental donde tu cuerpo se tranquiliza y así tu mente deja de pensar tanto. El sexo es como una relajación progresiva que gradualmente comienza con el placer que tu cuerpo percibe, pero el mental es mejor, es como si hicieran el amor con las mentes, donde se pudieran conocer, poseer, dominar y admirar por dentro en un acto coito genital. 

A la mañana siguiente Chris se despierta cuando siente a Bella sentarse en la cama, la ve, por última vez. "Quédate un poco más", le dice Chris. Ella voltea y frunce la cara de una forma muy graciosa, se amarra sus tenis. "Si no tienes unos pases, a la verga perro", le responde.